El auto de fe era una ceremonia pública donde el Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición hacía visibles sus sentencias ante la sociedad novohispana. En estos actos se mezclaban el fervor religioso, la teatralidad del poder y la dura represión de cualquier pensamiento considerado herético. Uno de los más célebres fue el auto general celebrado el 19 de noviembre de 1659, en el que la Inquisición llevó al cadalso a varios reos acusados de herejía, apostasía y delitos menores.
Entre ellos destacó un personaje singular, Guillén de Lampart, un irlandés de ideas audaces que soñó con liberar a la Nueva España del control peninsular y proclamarse monarca de una nación independiente.
Las sombras del Santo Oficio
Aunque el tribunal atravesaba un periodo de visitas y reformas internas desde mediados del siglo XVII, sus actividades nunca se detuvieron. Ya en 1649 se había celebrado otro auto general en el que fue quemado Tomás Treviño de Sobremonte, y durante los años siguientes continuaron las ceremonias públicas de fe.
El auto de 1659 destacó por su magnitud y dramatismo. En esa ocasión fueron sentenciados ocho reos a la pena de muerte, entre ellos el clérigo Bruñón de Vértiz, fallecido antes del acto. Su estatua fue sacada en procesión, degradada de sus insignias clericales y quemada junto con sus huesos desenterrados, en un ritual cargado de simbolismo.
Uno de los casos más comentados fue el de Francisco López de Aponte, declarado hereje apóstata. Los cronistas relataron que el hombre mostró un comportamiento altivo y desafiante en el tablado, lo que causó escándalo entre los asistentes. Su actitud, descrita como “desvergonzada”, fue vista por muchos como una manifestación de locura o desesperación frente al destino inevitable.
Guillén de Lampart: el irlandés que soñó con la libertad
Pero el nombre que inmortalizó el auto de fe de 1659 fue el de don Guillén de Lampart, también conocido como Guillén Lombardo de Guzmán. De origen irlandés y de educación refinada, afirmaba pertenecer “a la sangre más esclarecida de Hibernia”. Llegó a la Nueva España hacia 1640 en el séquito del virrey duque de Escalona y, poco después, comenzó a trazar un plan que hoy se considera precursor de las ideas independentistas.
Su proyecto consistía en liberar al virreinato del dominio de la Corona de Castilla, falsificar despachos reales que le otorgaran autoridad y proclamarse marqués de Cropali, con el respaldo de la Real Audiencia. Con estas acciones buscaba instaurar una monarquía novohispana bajo su mando.
Sin embargo, fue denunciado en 1642 por el capitán Felipe Méndez, quien reveló los planes a las autoridades. El Santo Oficio, aprovechando una mínima referencia a un supuesto hechicero indígena implicado, asumió el caso —aunque el delito no correspondía a su jurisdicción— y lo convirtió en un proceso ejemplar.


Diecisiete años de encierro y delirio
Durante diecisiete años de prisión, Guillén de Lampart vivió un lento calvario. Intentó fugarse, escribió manifiestos políticos y religiosos, y según los cronistas, mostraba un desequilibrio mental progresivo. A pesar de ello, el Consejo Supremo de la Inquisición en la península había ordenado salvarle la vida y remitirlo a España, pero los inquisidores en México decidieron continuar el proceso.
La noche anterior a su ejecución, Lampart fue visitado por un sacerdote llamado Corchero, quien trató de convencerlo de confesar sus culpas para evitar la hoguera. El prisionero, sin embargo, afirmaba comunicarse con seres invisibles en su celda. Al día siguiente, marchó en la procesión mirando al cielo, convencido de que una fuerza sobrenatural acudiría a rescatarlo. No ocurrió así: según los relatos, antes de llegar al fuego se dejó caer, ahogándose con su propio cordel, en un acto desesperado que los testigos interpretaron como un último gesto de delirio o de libertad.
La memoria del auto de fe
El auto de 1659 fue recordado durante décadas como uno de los más impresionantes del siglo XVII. Aunque después se celebraron otros actos similares, el caso de Guillén de Lampart adquirió una dimensión simbólica que trascendió el tiempo. Con el paso de los siglos, algunos cronistas lo calificaron como “precursor de la independencia nacional”, reconociendo en sus ideas un eco temprano de la emancipación que más tarde inspirarían Miguel Hidalgo y José María Morelos.
Aun así, su final resume el rigor del Santo Oficio y la fragilidad de los ideales en una época dominada por el temor y la ortodoxia. El fuego del auto de fe no solo consumió cuerpos; también intentó extinguir pensamientos que desafiaban el orden virreinal.
Conclusión
El auto de fe de 1659 en la Nueva España no solo representó una muestra del poder inquisitorial, sino también un reflejo del choque entre obediencia y pensamiento libre. Guillén de Lampart, con su mezcla de locura y lucidez, encarnó el anhelo de una identidad propia dentro del virreinato. Su historia, entre la tragedia y el mito, dejó una huella profunda en la memoria novohispana: la de un hombre que soñó con la libertad en tiempos en que soñar era un delito.
Preguntas y aclaraciones sobre El auto de fe de 1659 en la Nueva España
¿Qué era un auto de fe en la Nueva España?
El auto de fe era una ceremonia pública organizada por el Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición para anunciar las sentencias contra quienes habían sido procesados por delitos religiosos. En estos actos se combinaban elementos judiciales, rituales y simbólicos: desfiles, lecturas de condenas, oraciones y, en algunos casos, la entrega de los reos al brazo secular para su ejecución.
¿Dónde se realizó el auto de fe de 1659?
Tuvo lugar en la Plaza Mayor de la Ciudad de México, espacio que servía como escenario principal para las ceremonias públicas del virreinato. Desde balcones, templos y corredores se congregaban multitudes para presenciar los castigos y las absoluciones.
¿Quién fue Guillén de Lampart, también llamado Lombardo de Guzmán?
Guillén de Lampart, o Guillén Lombardo de Guzmán, fue un irlandés culto y visionario que llegó a la Nueva España en el siglo XVII. Elaboró un plan para liberar al virreinato del dominio de la Corona de Castilla y proclamarse monarca de una nación independiente. Fue arrestado por la Inquisición en 1642 y permaneció encarcelado durante diecisiete años antes de ser ejecutado en el auto de fe de 1659.
¿Por qué se le considera un precursor de la independencia?
Aunque su proyecto político fue producto de una mezcla de idealismo y delirio, varios historiadores lo han reconocido como precursor simbólico de la independencia mexicana. En sus escritos se encuentran ideas de libertad, soberanía y justicia que siglos más tarde resonarían en los movimientos insurgentes encabezados por Hidalgo y Morelos.
¿Cómo murió Guillén de Lampart?
Según los testimonios de la época, Guillén de Lampart murió antes de llegar a la hoguera. Durante la procesión del auto de fe, desesperado y convencido de que fuerzas sobrenaturales acudirían a salvarlo, se dejó caer y se ahogó con su propio cordel. Fue considerado un acto de locura o de liberación, según la mirada de cada cronista.
¿Qué simbolizaba la quema de estatuas o restos?
Cuando un acusado fallecía antes de su sentencia, la Inquisición realizaba una ceremonia simbólica: se elaboraba una estatua del reo que era degradada públicamente y luego quemada junto con sus restos. Este gesto representaba la “purificación” del delito y servía para reafirmar la autoridad del tribunal incluso sobre los muertos.
¿Qué impacto tuvo este auto de fe en la sociedad novohispana?
El auto de fe de 1659 causó gran impresión en la sociedad virreinal. No solo reafirmó el poder del Santo Oficio, sino que dejó en la memoria colectiva la figura de Guillén de Lampart como un hombre que desafió las estructuras políticas y religiosas de su tiempo. Con el paso de los siglos, su historia pasó del expediente inquisitorial al mito patriótico.



