Antes de establecerse en la Nueva España, la Inquisición ya tenía una larga historia en Europa. Lo que llegó a América no fue una creación nueva, sino una institución con siglos de evolución. Comprender los orígenes de la Inquisición española permite entender cómo se transformó en un instrumento de poder que, más allá de lo religioso, se convirtió en un órgano político al servicio de la monarquía. Desde el Concilio de Verona en 1185 hasta la figura de Torquemada en el siglo XV, el Santo Oficio se configuró como el antecedente directo de lo que más tarde marcaría la vida novohispana.
Los primeros pasos: del Concilio de Verona a los dominicos
En la Edad Media, la herejía era considerada un crimen contra la fe y, por tanto, contra Dios mismo. En 1185, el Concilio de Verona otorgó a los obispos la facultad de juzgar a los sospechosos de herejía. Si eran hallados culpables, debían ser entregados a la autoridad civil para que se aplicara el castigo, incluso la pena capital. Este fue el primer antecedente del Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición.
La Inquisición como tribunal de investigación secreta
A diferencia de otros tribunales de la época, el Santo Oficio tenía la facultad de inquirir e investigar de manera exhaustiva y secreta la conducta y las creencias de las personas sospechosas de herejía. Esta capacidad de actuar sin necesidad de una acusación formal y con un alto grado de autonomía lo convirtió en una institución temida. El propio término inquisitio hace referencia precisamente a esa labor de indagación minuciosa, que podía extenderse a cualquier individuo cuya fe fuera puesta en duda.
La institución se afianzó con la fundación en 1216 de la Orden de los Predicadores, conocida como los dominicos, por iniciativa de Santo Domingo de Guzmán. Poco después, el papa Honorio III le otorgó las facultades de inquisidor delegado. Desde entonces, los frailes dominicos quedaron estrechamente ligados a la Inquisición, marcando un punto clave en su independencia respecto al poder episcopal.
El Concilio de Tolosa y la organización papal
En 1229, durante el pontificado de Gregorio IX, el Concilio de Tolosa organizó formalmente la Inquisición como un tribunal dedicado a perseguir la herejía. Su dependencia de la Santa Sede era total: el papa designaba a los jueces, regulaba los procedimientos y supervisaba sus decisiones. En esta etapa se establecieron tribunales en varios reinos europeos, especialmente confiados a frailes dominicos.
España no fue la excepción: en los distintos reinos peninsulares surgieron tribunales independientes entre sí, siempre bajo el control papal.


El giro de los Reyes Católicos
La situación cambió radicalmente en 1469, con el matrimonio de Fernando de Aragón e Isabel de Castilla, conocidos como los Reyes Católicos. Su proyecto de unificación nacional requería centralizar el poder y reducir la influencia de instituciones externas, incluida la Santa Sede.
En 1478 obtuvieron del papa una bula que les permitía designar inquisidores y organizar los tribunales según sus propios intereses. Fue un triunfo político decisivo, pues la monarquía se adueñó de un tribunal capaz de vigilar hasta la conciencia de sus súbditos.
El contexto era especialmente delicado: en la península vivía una gran población judía, y muchos conversos —cristianos nuevos— eran vistos con sospecha. La Inquisición se convirtió en un instrumento clave para vigilar, castigar y, finalmente, legitimar medidas como la expulsión de los judíos en 1492.
La Suprema y Torquemada
La Corona llevó a cabo dos medidas que definieron a la Inquisición en adelante. La primera fue la creación del cargo de inquisidor general, responsable de todos los tribunales, incluidos los que más tarde se establecerían en América.
La segunda medida fue la creación del Consejo Supremo de la Inquisición, conocido como La Suprema. Este órgano colegiado, semejante a un ministerio, centralizó el poder inquisitorial y lo subordinó a la Corona.
En 1483, fray Tomás de Torquemada fue nombrado inquisidor general y primer presidente del Consejo Supremo. Lo acompañaron el obispo Alonso de Carrillo y dos juristas laicos, Sancho Velásquez de Cuéllar y Poncio de Valencia. Desde entonces, el Santo Oficio dejó de ser un tribunal meramente eclesiástico: se transformó en un órgano judicial del Estado, al servicio de la monarquía.
Conclusión
Los orígenes de la Inquisición española muestran cómo un tribunal eclesiástico medieval se convirtió en un poderoso instrumento político. Con la centralización de los Reyes Católicos, la creación del cargo de inquisidor general y el establecimiento de La Suprema, la monarquía consolidó un mecanismo de control sin precedentes. Estos antecedentes son fundamentales para comprender el modo en que el Santo Oficio fue implantado en la Nueva España, donde continuó siendo una institución dependiente de la Corona y no de la Santa Sede.
Algunas preguntas frecuentes sobre la intuición española
¿Cuándo comenzó la Inquisición en España?
El antecedente más remoto se encuentra en el Concilio de Verona en 1185, aunque como institución organizada tomó forma en 1229 con el Concilio de Tolosa, bajo el papa Gregorio IX.
¿Qué papel tuvieron los dominicos en la Inquisición?
Desde la aprobación de la Orden de Predicadores en 1216, los frailes dominicos se convirtieron en los principales inquisidores, consolidando la independencia del Santo Oficio respecto al poder de los obispos.
¿Por qué los Reyes Católicos fueron clave en la Inquisición?
Fernando e Isabel lograron en 1478 una bula papal que les permitió nombrar inquisidores y controlar los tribunales. Esto convirtió a la Inquisición en un instrumento de la monarquía, más que de la Iglesia.
¿Quién fue Tomás de Torquemada y por qué es importante?
Nombrado inquisidor general en 1483, Torquemada fue el primer presidente del Consejo Supremo de la Inquisición (La Suprema). Su figura simboliza la centralización y el poder político del Santo Oficio en España.
¿La Inquisición española dependía del papa o de la monarquía?
Aunque en sus inicios estuvo bajo la autoridad papal, a partir de los Reyes Católicos quedó bajo control de la Corona de Castilla. Desde entonces fue un órgano judicial al servicio de la monarquía.
¿Por qué este origen es importante para la historia de México?
Porque el tribunal que más tarde se estableció en la Nueva España fue una extensión directa del modelo español. Conocer sus raíces en la península ibérica permite entender cómo funcionó en el virreinato.
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