Cuando pensamos en las resistencias y rebeliones de la Nueva España, lo primero que suele venir a la mente son los alzamientos indígenas o las tensiones con pueblos afrodescendientes. Sin embargo, durante el siglo XVI también fueron los mismos castellanos —los llamados “españoles” en el lenguaje de la época— quienes protagonizaron intrigas, conspiraciones y enfrentamientos internos que llegaron a poner en riesgo la estabilidad del virreinato.
Desde el descontento de los encomenderos con las Leyes Nuevas hasta la famosa conjura del marqués del Valle, estos episodios revelan que la vida política novohispana estuvo marcada por tensiones constantes entre las ambiciones de los colonizadores y la autoridad de la Corona de Castilla.
Las Leyes Nuevas y la inconformidad de los encomenderos (1544)
La Corona de Castilla intentó frenar los abusos de los encomenderos con la promulgación de las Leyes Nuevas de 1542, que limitaban la herencia de encomiendas y buscaban proteger a los pueblos indígenas.
Cuando el visitador Francisco Tello de Sandoval llegó a la Ciudad de México en 1544 para publicarlas, los encomenderos lo recibieron con gran inquietud. Vestidos de luto, querían mostrar su descontento, pero el virrey Antonio de Mendoza logró contenerlos para evitar un desafío directo a la autoridad real. La promulgación de estas leyes encendió tensiones que no desaparecerían con facilidad.


1549: el eco de la rebelión peruana
La rebelión de encomenderos en el Perú —convertida en una auténtica guerra civil— inspiró a algunos aventureros en la Nueva España. En 1549, una denuncia alertó al virrey Mendoza sobre planes para imitar a los “peruleros”: alzarse con la tierra y matar al virrey y a los oidores.
Espías enviados por el virrey descubrieron la conspiración en una casa de juego. Los cabecillas, Juan Román, Juan Vanegas y un italiano, fueron apresados, torturados y ejecutados. Aunque el complot no pasó de un intento aislado, reveló que existía un malestar latente entre ciertos grupos de españoles que veían con disgusto las limitaciones impuestas por la Corona.
1566: la conjura del marqués del Valle y los hermanos Ávila
El episodio más grave de conspiración española en el siglo XVI fue la conjura del marqués del Valle, encabezada por Martín Cortés, hijo de Hernán Cortés, y apoyada por influyentes encomenderos como los hermanos Ávila.
Los conjurados planearon matar a los oidores, destruir los archivos y proclamar rey de la Nueva España al marqués, alegando que su padre y los conquistadores habían ganado esas tierras a costa propia. Durante una fiesta, en un gesto simbólico, Martín Cortés se disfrazó de Hernán y Alonso de Ávila de Moctezuma, dejando ver sus intenciones.
Aunque el marqués nunca terminó de decidirse, la Audiencia intervino en 1566: varios conspiradores fueron arrestados, y los hermanos Ávila fueron decapitados públicamente, con sus casas arrasadas y sus solares sembrados de sal. La represión fue brutal y buscaba enviar un mensaje claro: la Corona no toleraría intentos de independencia.
El triunfo de la Corona y la derrota criolla
Las consecuencias de la conjura fueron profundas. Muchos criollos —descendientes de los castellanos que participaron en la jornada militar de Cortés y sus aliados indígenas contra el señorío mexica— habían visto en Martín Cortés una oportunidad de reivindicar sus privilegios. Pero la represión acabó con esas aspiraciones y reforzó el poder de los funcionarios reales.
Desde entonces, los criollos quedaron marginados de los grandes cargos de gobierno, y se abrió una brecha social con los peninsulares que marcaría la historia del virreinato durante los siglos siguientes.
Conclusión
El siglo XVI de la Nueva España no fue un tiempo de tranquilidad, sino de tensiones constantes. Las rebeliones y conspiraciones de castellanos —desde los encomenderos inconformes hasta la conjura del marqués del Valle— muestran que la autoridad de la Corona de Castilla tuvo que imponerse no solo frente a indígenas y afrodescendientes, sino también ante los mismos españoles que aspiraban a mayor autonomía.
Estos episodios dejaron una huella duradera: la desconfianza hacia los criollos, el fortalecimiento de la autoridad virreinal y el recuerdo de que “alzarse con la tierra” fue una tentación presente desde los orígenes del virreinato.
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