El Día de Muertos es una sola tradición con muchas voces. Aunque hoy se le celebra en todo México con altares, flores y pan, en cada región la relación con los muertos tiene un rostro distinto. Desde los pueblos purépechas de Michoacán hasta las comunidades mayas de Yucatán, la celebración conserva rasgos del pasado prehispánico, la influencia del catolicismo virreinal y las transformaciones modernas que la llevaron a ser reconocida como símbolo nacional.
Explorar las distintas formas en que se honra a los difuntos en México es asomarse a una diversidad cultural que ha sobrevivido a los siglos, adaptándose a los cambios sociales sin perder su sentido espiritual.
Pátzcuaro y Janitzio: la noche de los purépechas
En la región lacustre de Pátzcuaro, Michoacán, el culto a los muertos tiene raíces prehispánicas vinculadas al pueblo purépecha. Según los cronistas del siglo XVI, los antiguos habitantes de la zona realizaban ofrendas de comida, flores y copal en honor de los difuntos durante el mes de noviembre.
Con la llegada de los franciscanos, estas prácticas se adaptaron al calendario católico y dieron lugar a una celebración que hoy es una de las más reconocidas del país.
Durante la noche del 1 de noviembre, las familias acuden a los cementerios de Janitzio, Jarácuaro y Tzintzuntzan para adornar las tumbas con velas y flores de cempasúchil. La luz de las velas ilumina el lago, creando una atmósfera que ha sido comparada por antropólogos del INAH con “una procesión acuática de almas”.
Esta tradición se ha transmitido de generación en generación, y aunque ha adquirido fama turística, para las comunidades purépechas sigue siendo un acto de respeto y comunión con los antepasados.


Mixquic: la alumbrada de los difuntos
En San Andrés Mixquic, al sureste de la Ciudad de México, el Día de Muertos combina la herencia indígena del Valle de México con las costumbres cristianas implantadas en el virreinato. Aquí, las celebraciones inician desde el 31 de octubre con el repique de campanas y continúan hasta el 2 de noviembre, cuando se realiza la “alumbrada”, una vigilia nocturna en la que los familiares iluminan las tumbas con velas.
Las ofrendas se colocan dentro de las casas y en el cementerio junto a los retratos y objetos personales del difunto. Según investigaciones del INAH, Mixquic conserva elementos que recuerdan los antiguos rituales mexicas dedicados a Mictecacíhuatl, “la señora de los muertos”, como el uso del copal y el cempasúchil para guiar las almas.
El tzompantli —o muro de cráneos— que se exhibe simbólicamente en el panteón es un eco visual de los templos mesoamericanos, reinterpretado hoy dentro de la fe católica.
Oaxaca: arte, color y sincretismo
En Oaxaca, el Día de Muertos se vive como una gran celebración comunitaria. Los pueblos mixtecos y zapotecos preparan altares en las casas, decorados con flores de cempasúchil, pan, frutas y figuras de totomoxtle (hoja de maíz).
Durante los días previos, los cementerios se convierten en espacios de convivencia: se limpian las tumbas, se encienden velas y se comparte comida con los visitantes.
A diferencia de otras regiones, en Oaxaca las ofrendas suelen tener un carácter artístico: se elaboran tapetes de arena o aserrín con figuras simbólicas y se organizan comparsas y desfiles. Estas expresiones son herencia tanto del sincretismo virreinal como del arte popular oaxaqueño, que a lo largo del siglo XX se integró al imaginario nacional de la festividad.
Puebla y Tlaxcala: el Altar de Escalones
En las regiones nahuas de Puebla y Tlaxcala, el altar doméstico conserva un formato particular: se levanta con siete niveles, representando los pasos del alma hacia el descanso eterno. En cada escalón se colocan objetos específicos: agua, pan, fruta, velas y retratos.
Esta estructura, descrita por etnógrafos del INAH como una fusión entre la cosmovisión indígena y la iconografía católica del purgatorio, resume la unión entre las dos tradiciones. En muchos pueblos, la ofrenda se complementa con danzas, rezos y música de bandas que acompañan a los difuntos hasta el camposanto.
Yucatán y el Hanal Pixán
En el mundo maya, la conmemoración de los muertos se conoce como Hanal Pixán, que significa “comida de las ánimas”. Se celebra entre el 31 de octubre y el 2 de noviembre, con comidas rituales como el mucbipollo (pib), enterrado bajo tierra y cocido en horno.
Los altares se decoran con flores, cruces de palma y manteles bordados; se coloca agua, pan, dulces y retratos. En muchos hogares, se cubre el espejo con un paño para que el espíritu no se vea reflejado y se asuste.
El Hanal Pixán es una de las celebraciones más antiguas que conserva rasgos del mundo prehispánico y la religiosidad colonial, reconocida por el INAH como una de las expresiones vivas del patrimonio maya.
Conclusión
Cada región de México vive el Día de Muertos de manera diferente, pero todas comparten la misma raíz: el deseo de reencontrarse con quienes ya partieron.
Desde las islas de Pátzcuaro hasta los altares de Mixquic, desde los tapetes oaxaqueños hasta el Hanal Pixán yucateco, el país entero celebra la continuidad de la vida a través de la memoria.
El Día de Muertos es, en realidad, una constelación de tradiciones que, unidas, forman el rostro espiritual de México.
Preguntas frecuentes sobre las celebraciones regionales del Día de Muertos
¿Por qué el Día de Muertos se celebra de manera diferente en cada región?
Porque cada pueblo integró sus propias tradiciones prehispánicas y religiosas al calendario católico. El resultado fue una diversidad de costumbres locales que reflejan la identidad cultural de cada región.
¿Qué hace especial la celebración en Pátzcuaro y Janitzio?
Su origen purépecha y su relación con el lago. Las familias iluminan las tumbas con velas durante la noche del 1 de noviembre, creando una de las escenas más representativas del Día de Muertos.
¿Qué es la alumbrada de Mixquic?
Es una vigilia nocturna en el cementerio donde los familiares encienden velas y adornan las tumbas con flores. Representa la convivencia espiritual entre vivos y muertos y mantiene viva una tradición mexica reinterpretada en el cristianismo.
¿Qué caracteriza a las ofrendas de Oaxaca?
Su riqueza artística: altares con tapetes de aserrín, comparsas y desfiles que combinan el arte popular con la religiosidad.
¿Qué significado tienen los siete niveles del altar en Puebla y Tlaxcala?
Simbolizan los pasos del alma para alcanzar la paz espiritual, una mezcla entre la idea indígena del viaje al más allá y la doctrina católica del purgatorio.
¿Qué es el Hanal Pixán y qué simboliza?
Es la versión maya del Día de Muertos. Significa “comida de las ánimas” y celebra la unión de la familia con sus difuntos mediante comidas tradicionales como el mucbipollo y altares decorados con flores y cruces de palma.
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