La historia del Día de Muertos no puede entenderse sin su paso por el siglo XX. Lo que durante siglos fue una conmemoración religiosa —los Días de Ánimas heredados del virreinato— se transformó en una festividad nacional que hoy identifica a México en todo el mundo. Esta metamorfosis no ocurrió de manera espontánea: fue el resultado de un proceso cultural y político que culminó durante el gobierno de Lázaro Cárdenas del Río, cuando el Estado mexicano promovió la recuperación de las tradiciones populares para construir una identidad nacional mestiza.
Del culto novohispano a la tradición popular
Durante los siglos XVIII y XIX, los Días de Ánimas siguieron celebrándose tanto en templos como en hogares. Las familias colocaban ofrendas, acudían a los cementerios y rezaban por las almas del purgatorio. En el campo, las comunidades indígenas conservaron los elementos simbólicos del pasado mesoamericano —flores, comida y copal—, mientras que en las ciudades la festividad adquirió un tono más discreto y doméstico.
Sin embargo, las guerras del siglo XIX —la Independencia, la intervención francesa y la Reforma— debilitaron las celebraciones públicas. Los cambios políticos y las políticas liberales del siglo de las Leyes de Reforma redujeron la influencia de la Iglesia, lo que hizo que muchas festividades religiosas se trasladaran al ámbito familiar.
El impacto de la Revolución y la Guerra Cristera
A comienzos del siglo XX, la Revolución mexicana y, posteriormente, la Guerra Cristera (1926–1929) interrumpieron nuevamente las celebraciones religiosas. En muchas regiones, las procesiones fueron prohibidas y las misas restringidas. Las ofrendas sobrevivieron en los hogares rurales y entre las comunidades indígenas, donde la memoria familiar siguió siendo el centro de la celebración.
Tras el conflicto, el país necesitaba reconstruir no solo su economía, sino también su identidad cultural. Fue en ese contexto que Lázaro Cárdenas entendió el potencial unificador de las tradiciones populares, entre ellas el Día de Muertos.
Lázaro Cárdenas y la nacionalización de las tradiciones populares
Durante su gobierno (1934–1940), Cárdenas impulsó una política cultural orientada al pueblo, inspirada en los ideales de la Revolución. A través de la Secretaría de Educación Pública (SEP) y del Departamento de Bellas Artes, se organizaron ferias, exposiciones y concursos que recuperaban costumbres regionales consideradas “auténticamente mexicanas”.
El Día de Muertos fue una de las celebraciones más promovidas. En las escuelas rurales, los maestros instruían a los alumnos para preparar ofrendas con materiales locales: papel picado, flores, pan, frutas y retratos de familiares. En las ciudades, se organizaron exposiciones y festivales donde los altares se convirtieron en expresiones artísticas.
El proyecto de Cárdenas buscaba fortalecer la identidad mestiza: unir las raíces indígenas con los valores populares del México moderno. De esta manera, una tradición religiosa se transformó en símbolo cultural y educativo. El altar dejó de ser un acto puramente devocional para convertirse en una representación de la historia y la diversidad del país.
En palabras del historiador Ricardo Pérez Montfort, el Estado cardenista “reivindicó las costumbres del pueblo como fundamento de la nación moderna”, y el Día de Muertos se volvió el ejemplo perfecto de esa síntesis entre pasado y presente.


Del aula al mural: arte e identidad nacional
Los años treinta fueron también la época del muralismo mexicano, movimiento que, bajo el apoyo del gobierno, exaltó la cultura popular. Artistas como Diego Rivera, Frida Kahlo, Jean Charlot y Dr. Atl incorporaron calaveras, catrinas, flores y símbolos de la muerte en su obra, reinterpretando los elementos tradicionales del altar dentro de una narrativa nacionalista.
Rivera, en su mural “Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central” (1947), colocó al centro a La Catrina, tomada del grabado de José Guadalupe Posada, como figura que sintetizaba humor, arte e identidad. La muerte ya no representaba el fin, sino la permanencia del pueblo mexicano.
De la tradición a la identidad nacional
Con el paso de las décadas, las instituciones culturales continuaron el proyecto cardenista. En los años cincuenta y sesenta, la Casa del Lago, el Museo Nacional de Culturas Populares y las escuelas normales rurales impulsaron exposiciones y concursos de altares. En 2003, la UNESCO declaró al Día de Muertos como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, reconociendo formalmente una tradición que había nacido en los hogares y fue transformada por la acción del Estado.
Hoy, el Día de Muertos combina lo íntimo y lo público, lo religioso y lo artístico. Su historia demuestra cómo una celebración local, forjada entre rezos, flores y copal, se convirtió en símbolo de unidad e identidad mexicana.
Conclusión
Del recuerdo devoto de los Días de Ánimas al orgullo nacional del Día de Muertos, la historia de esta festividad resume la evolución cultural de México. Lo que comenzó como un rito religioso terminó como un emblema patrio.
Gracias a la visión de Lázaro Cárdenas y a la fuerza de las comunidades que mantuvieron viva la tradición, el país encontró en la muerte no una amenaza, sino una forma de reconocerse a sí mismo.
Preguntas frecuentes sobre los Días de Ánimas y su transformación en el Día de Muertos
¿Qué eran los Días de Ánimas?
Eran celebraciones religiosas dedicadas a las almas del purgatorio, heredadas de la tradición católica del virreinato. Las familias rezaban y colocaban ofrendas domésticas por sus difuntos.
¿Por qué disminuyó su práctica durante el siglo XX?
Las guerras civiles, especialmente la Revolución y la Guerra Cristera, debilitaron las festividades religiosas. En muchas regiones, las procesiones fueron prohibidas y las celebraciones se mantuvieron solo en el ámbito familiar.
¿Qué papel tuvo Lázaro Cárdenas en el Día de Muertos?
Cárdenas impulsó la recuperación de las tradiciones populares mediante la SEP y el Departamento de Bellas Artes. Promovió altares en escuelas, ferias y espacios públicos, transformando la celebración en símbolo nacional.
¿Por qué el gobierno se interesó en promover estas tradiciones?
El proyecto cardenista buscaba construir una identidad nacional mestiza, integrando las raíces indígenas y el espíritu popular. El Día de Muertos se convirtió en ejemplo de unión entre pueblo, arte y nación.
¿Cuándo se reconoció oficialmente el Día de Muertos como patrimonio cultural?
En 2003, la UNESCO lo declaró Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, destacando su valor como expresión viva de la memoria colectiva mexicana.
–











