En el siglo XVII, el virreinato de la Nueva España enfrentaba tensiones no solo en sus fronteras, sino también en las villas del sur. Un caso emblemático ocurrió en 1660, en la villa de Guadalcázar, provincia de Tehuantepec (actual Oaxaca, no confundir con el municipio homónimo de San Luis Potosí).
Allí, los abusos del alcalde mayor contra la población indígena desencadenaron un levantamiento que combinó la acción directa con la defensa legal ante el virrey. Este episodio revela cómo las comunidades locales no se resignaban a malas practicas en el gobierno y podían organizar tanto la resistencia armada como la apelación jurídica.
Un alcalde mayor abusivo y la semilla del conflicto
El alcalde mayor, don Juan de Avellán, imponía repartimientos excesivos de mantas y cobranzas desmedidas, que superaban los veinte mil pesos de oro común. Las exigencias eran tan altas que los habitantes se vieron obligados a vender sus pocas pertenencias a precios bajos para cumplir.
Además, los castigos eran brutales: azotes, cepos y encarcelamientos, sin respetar siquiera a caciques y principales. La situación llegó al extremo de que un cacique de Tequisistlán murió a consecuencia de las torturas recibidas.
El estallido del levantamiento
La acumulación de abusos provocó un alboroto en el que el propio alcalde mayor resultó muerto. Lejos de convertirse en una rebelión abierta contra la monarquía católica, el movimiento fue entendido por los participantes como un acto de justicia y de defensa de la comunidad.
De inmediato, los pueblos de la región eligieron a sus propias autoridades locales, dejando claro que su intención no era desconocer al rey, sino protegerse de un representante corrupto e ilegítimo.


La carta al virrey: resistencia y lealtad
Tras los hechos, gobernadores y alcaldes de la villa redactaron una carta al virrey en la que explicaban las causas del levantamiento. En ella insistían en que no se trataba de una rebelión contra la Corona, sino de una reacción desesperada ante los atropellos del alcalde mayor.
El documento resalta su lealtad al monarca y su respeto hacia los frailes dominicos, testigos de que los pueblos indígenas no habían actuado con violencia contra los españoles vecinos ni contra la Iglesia. Esta estrategia buscaba legitimar el movimiento, mostrando que la resistencia podía combinar la acción directa con un discurso de fidelidad política y religiosa.
Un ejemplo de resistencia local
El levantamiento de Tehuantepec en 1660 demuestra que la resistencia indígena en la Nueva España no siempre tomó la forma de grandes rebeliones militares. A veces, las comunidades respondieron a los abusos mediante levantamientos focalizados, seguidos de un esfuerzo por presentar sus quejas de manera oficial.
Este episodio revela el equilibrio constante entre resistencia y negociación que caracterizó la vida indígena bajo la administración virreinal.
Conclusión
El levantamiento indígena de 1660 en Tehuantepec (Guadalcázar) por abusos del alcalde mayor simboliza las tensiones cotidianas del virreinato. Más que un desafío directo al poder de la monarquía católica fue una defensa de la dignidad y el bienestar de las comunidades indígenas frente a un funcionario corrupto.
Al elevar su voz ante el virrey y documentar sus quejas, los pueblos mostraron que la resistencia podía expresarse tanto con armas en la mano como con la pluma, reclamando justicia dentro del mismo sistema que los oprimía.
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