La Inquisición en la Nueva España aplicaba tormentos físicos como medio de obtener confesiones, bajo el argumento de defender la fe católica. Uno de los testimonios más impactantes que han llegado hasta nosotros es el de Francisca Núñez de Carvajal, mujer de origen judeoconverso, quien enfrentó la dureza del Santo Oficio en carne propia. El acta de su tormento, recogida por José Toribio Medina en su obra Historia del Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición en México (1952), muestra con detalle las prácticas aplicadas y la resistencia de esta mujer frente a la violencia.
Nota histórica: Aunque el título de Medina habla de “México”, en el siglo XVI el nombre oficial del territorio era Virreinato de la Nueva España. En esa época, “México” se refería principalmente a la Ciudad de México y no al país que nacería tras la independencia.
Índice: En este artículo encontrarás Mostrar
El inicio del tormento
El acta relata que Francisca fue llevada a la cámara del tormento a las ocho y media de la mañana. Los inquisidores la amonestaron para que dijera la verdad “por reverencia de Dios” si no quería exponerse al sufrimiento. Ella respondió que ya había dicho la verdad: creía derechamente en la ley de Moisés y que lo demás eran falsos testimonios. Suplicó que no la desnudaran ni la afrentaran por ser mujer, y entre llantos pidió: “Maten o den garrote luego, pero no me desnuden, aunque me den mil muertes”.
El verdugo ingresó a la sala, y con la camisa bajada y zaragüelles, fue dejada en carnes desde la cintura arriba. De rodillas y llorando, reiteró que ya había dicho la verdad, implorando que no la humillaran.
Las vueltas de cordel
Los inquisidores ordenaron ligar sus brazos flojamente, insistiendo en que confesara. Francisca replicó: “La verdad toda he dicho, miren que quitan la madre a los hijos y que nunca tal entendí que se usara con una mujer. Encomiendo a Dios mi alma”.
Entonces le fue dada la primera vuelta de cordel. Sus gritos estremecieron la sala: “¡Tanta crueldad, tanta, ay, que me muero!”. La apretaron más y ella repitió lo mismo entre sollozos.
La segunda vuelta le arrancó nuevos alaridos: “¡Que me muero, que me muero! Denme la muerte junta porque me descoyuntan del todo y me acaban la vida. No lo puedo sufrir; si más supiera lo dijera”.
La tercera vuelta la llevó a reafirmar su fe: “Ya tengo dicho que creía y guardaba la ley de Moisés y no la de Jesucristo”. Rogó misericordia y clamó que ya no podía soportar más.
Con la cuarta vuelta, Francisca gritó que se moría y que sus hijos se quedaban sin madre. Finalmente, con la quinta vuelta, volvió a repetir lo mismo una y otra vez, mostrando un dolor insoportable.


El potro y la desesperación final
No conformes, los inquisidores ordenaron tenderla en el potro. De nuevo la amonestaron para que dijera la verdad. Francisca, de pie y con el cuerpo quebrado, exclamó: “No tengo que decir sino testimonios, y eso no quiera Dios que lo diga, ni lo he de decir, ni lo sé. Sea Él bendito, que así me trata con tanta crueldad, nunca oída jamás a mujer”.
Mientras la sujetaban al potro, se levantó sobre sus rodillas y clamó: “Triste nací del vientre de mi madre, desdichada fue mi suerte y mi triste vejez”.
En medio de la agonía, recordó que su esposo también le había enseñado la ley de Moisés, cerrando así su declaración en un escenario de dolor físico y espiritual.
Conclusión
El acta del tormento de Francisca Núñez de Carvajal revela en toda su crudeza las prácticas inquisitoriales en la Nueva España. Entre llantos y súplicas, reafirmó su fe y denunció la injusticia de ser madre privada de sus hijos y mujer humillada públicamente. Su resistencia, documentada palabra por palabra, deja testimonio de la fortaleza humana frente a un sistema que utilizaba el dolor como herramienta de control religioso.
Preguntas frecuentes sobre el tormento de Francisca Núñez de Carvajal
¿Quién fue Francisca Núñez de Carvajal?
Fue una mujer judeoconversa que vivió en la Nueva España durante el siglo XVI. Formaba parte de una familia señalada por practicar la ley de Moisés en secreto. Su proceso ante la Inquisición se convirtió en uno de los más conocidos debido al detalle con que se registró el tormento que sufrió.
¿Por qué la Inquisición sometió a Francisca Núñez de Carvajal a tormento?
La acusaban de judaizante, es decir, de practicar en secreto ritos de la tradición mosaica. El tormento se utilizaba como método para forzar confesiones o confirmar sospechas de herejía, aunque muchas veces lo único que obtenía era dolor y sufrimiento sin nuevas pruebas.
¿Qué métodos de tormento se aplicaron en su caso?
El acta describe el uso de vueltas de cordel en los brazos —un método que dislocaba y causaba intenso dolor—, así como su sujeción en el potro. Ambos procedimientos eran parte de las prácticas habituales de la Inquisición.
¿Qué palabras dijo Francisca durante el tormento?
Ella insistió en que creía en la ley de Moisés y no en la de Jesucristo. Rogó que no la desnudaran por ser mujer, clamó por sus hijos y encomendó su alma a Dios. Entre gritos y súplicas, denunció la crueldad del procedimiento, afirmando que nunca pensó que algo así pudiera aplicarse a una mujer.
¿Qué importancia tiene este testimonio para la historia?
El caso de Francisca es relevante porque el acta se conserva íntegra, mostrando paso a paso la aplicación del tormento y las respuestas de la acusada. Es un testimonio directo del sufrimiento humano en la Inquisición y de cómo la represión religiosa afectó especialmente a mujeres y familias de origen converso.
–



